Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia
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Si hay algo que la actual situación que atravesamos esta poniendo de manifiesto es que los actuales modelos productivos están obsoletos al igual que los sistemas de valores por los que se guían las personas. A la pregunta de si hace falta cambiar, un rotundo SI. El problema reside en que como decía Tolstói, todo el mundo quiere cambiar la humanidad pero no quiere cambiarse a si mismo. El hoy, demanda que hay que someterse a un proceso de alquimia que nos permita salir de la zona de confort en la que nos encontramos para poder pasar a liderar nuestras vidas desde la responsabilidad y con objeto de conseguir ser libres y poder encontrar nuestra propia felicidad. Sé el cambio que quieres ver en el mundo, decía Gandhi.
Pero hay un problema. Para cambiar, primero hay que darse cuenta que hace falta cambiar y luego por consiguiente, querer cambiar. La solución está dentro de nosotros mismos. Vivimos tan anclados a nuestro entorno próximo que los árboles no nos dejan ver el bosque. Esto mismo le pasaba a Lume, el protagonista de la fantástica novela de Sergio Fernández y Rubén Chacón, El Sorprendedor. Tanto tiempo en Apathia, esa tierra gris y oscura, que cuando decide ir a Seroton en busca de respuestas, se da cuenta de que tiene que cambiar. En una de las ocasiones Lume toma su grabadora, haciendo gala de su hábito de recopilar, y dice, al cambiar mi manera de pensar, reescribo mi futuro. Realmente fantástico.
Lo único que es constante en la vida es el cambio, Sergio Fernández. Desde que nacemos y hasta que nos morimos, nuestras células se renuevan entre 12 y 14 veces de forma total, regenerando todos los tejidos que componen nuestro organismo. ¿Porqué no hemos de cambiar nosotros?. Todo está en constante cambio y debido al principio natural conocido como entropía, todo tiende al desorden a no ser que hagamos algo al respecto. Por eso envejecemos, nos desorganizamos, nos estresamos, enfermamos, etc.
Hay una secuencia de la película El filo de la Navaja, en la que el protagonista, Larry Darrell, mantiene una conversación con un sabio Hindú. Este le dice en una ocasión, no habrá verdadera felicidad hasta que los hombres aprendan a buscarla dentro de ellos mismos. El cambio debe proceder desde nuestro interior. De ahí la fantástica cita de Balzac, objeto del título de esta entrada, aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.
Los nuevos sistemas productivos deben de estar enfocados a generar valor personal. Es por ello que deberán emplearse nuevas técnicas para solucionar los problemas de las viejos sistemas de producción, basados tradicionalmente en las cadenas de montaje de la era industrial. La productividad personal enfocada en este sentido se constituye como la mejor baza para conseguir buenos resultados. Si conseguimos mejorar nuestra productividad personal entorno a este enfoque, podremos decir que ya hemos iniciado nuestro cambio de paradigma.
Bienvenidos a la era del talento.










